
Cómo cambiar tu diálogo interno y transformar tus resultados
Tu diálogo interno está creando tu realidad: cómo cambiar tus pensamientos para transformar tus resultados
Por Marc Jospitre | Los Imparables — Mañanas con Propósito
¿Alguna vez te has detenido a escuchar cómo te hablas a ti mismo?
No me refiero a las conversaciones que tienes con tus clientes, tu familia o tus colaboradores.
Me refiero a esa conversación que ocurre dentro de tu mente durante todo el día.
Cuando cometes un error.
Cuando enfrentas una dificultad.
Cuando observas tus resultados y descubres que todavía estás lejos de donde quieres llegar.
¿Qué te dices?
¿Te recuerdas tus capacidades y posibilidades? ¿O comienzas a repetir todas las razones por las que las cosas no están funcionando?
Existe algo que necesitamos comprender:nuestro diálogo interno influye en nuestras emociones, nuestras decisiones y nuestros comportamientos.
Y esos comportamientos, repetidos durante suficiente tiempo, contribuyen a construir los resultados que experimentamos.
Por eso, si quieres transformar tu vida, necesitas comenzar por observar cómo estás pensando y cómo te estás hablando.
¿Qué es el diálogo interno y por qué es tan importante?
El diálogo interno es la conversación que mantienes contigo mismo mediante tus pensamientos.
A veces es consciente.
Otras veces aparece automáticamente, sin que te detengas a cuestionarlo.
Por ejemplo, imagina que estás considerando una oportunidad de negocio.
Puedes pensar:
“No tengo suficiente experiencia”.
“No creo que ese cliente quiera trabajar conmigo”.
“Siempre me pasa lo mismo”.
O puedes hacerte preguntas diferentes:
“¿Qué necesito aprender para aprovechar esta oportunidad?”.
“¿Cómo puedo prepararme mejor?”.
“¿Qué puedo hacer hoy para acercarme a mi objetivo?”.
La situación exterior puede ser exactamente la misma.
Pero la conversación que mantienes contigo cambia la manera en que interpretas esa situación y las acciones que decides tomar.
No siempre podemos elegir las circunstancias que aparecen, pero podemos desarrollar una mayor conciencia sobre cómo respondemos ante ellas.
Y esa conciencia comienza con nuestros pensamientos.
Pensamiento superficial y pensamiento profundo: ¿cuál está dirigiendo tu vida?
Durante una de nuestras sesiones de Los Imparables, Servando compartió una reflexión sobre la diferencia entre el pensamiento superficial y el pensamiento profundo.
El pensamiento superficial puede estar relacionado con las ideas que pasan momentáneamente por nuestra mente.
El pensamiento profundo tiene que ver con las convicciones que hemos aceptado y que influyen en nuestra identidad.
Son aquellas ideas que sentimos como verdades sobre nosotros mismos.
Por ejemplo:
“Yo no soy bueno para vender”.
“En mi familia nunca hemos tenido dinero”.
“Siempre he sido una persona desorganizada”.
“Yo no puedo hablar frente a muchas personas”.
Cuando repetimos estas afirmaciones durante años, pueden convertirse en creencias que condicionan nuestras decisiones.
Dejamos de cuestionarlas porque sentimos que simplemente describen quiénes somos.
Pero aquí aparece una pregunta fundamental:
¿Eso que crees sobre ti mismo es una verdad que deseas seguir aceptando?
Quizás es solamente una interpretación que aprendiste hace muchos años.
Y ahora tienes la oportunidad de revisarla.
Muchas de tus creencias no comenzaron contigo
Una de las ideas que trabajamos en nuestra comunidad es que muchas de nuestras creencias se forman a través de la educación, la familia y las experiencias de vida.
Cuando somos pequeños, recibimos constantemente información de las personas que nos rodean.
Escuchamos comentarios sobre el dinero, el éxito, el trabajo, las relaciones y nuestras capacidades.
Algunas de esas ideas nos ayudan.
Otras pueden limitarnos.
Quizás alguien te dijo que emprender era demasiado arriesgado.
O que las personas exitosas tenían algo especial que tú no poseías.
Tal vez creciste escuchando que ganar dinero era extremadamente difícil.
Con el tiempo, esas ideas pueden convertirse en parte de tu manera habitual de pensar.
Pero no necesitas conservar todas las creencias que has aprendido.
Puedes comenzar a revisarlas conscientemente.
Pregúntate:
¿Esta creencia me ayuda a construir la vida que deseo o me mantiene repitiendo los mismos resultados?
No necesitas cambiar todo inmediatamente.
Comienza por identificar una sola creencia que ya no quieres seguir alimentando.
Tus emociones pueden ayudarte a reconocer lo que estás pensando
Hay una herramienta que todos tenemos disponible: nuestras emociones.
Cuando experimentas preocupación, frustración o miedo, puedes utilizar esa sensación como una invitación a observar qué está ocurriendo en tu mente.
No significa que sentirte mal sea una señal de que estás haciendo algo incorrecto.
Las emociones tienen muchas causas y todas merecen atención.
Pero sí puedes preguntarte:
“¿Qué estoy pensando en este momento?”.
“¿Qué historia me estoy contando sobre esta situación?”.
“¿Estoy anticipando un problema que todavía no ha ocurrido?”.
Imagina que un prospecto no responde tu mensaje.
Puedes comenzar a pensar:
“Seguramente no está interesado”.
“Mi propuesta no fue suficientemente buena”.
“Voy a perder esta oportunidad”.
Sin darte cuenta, construyes una historia completa sin tener todavía toda la información.
Esa historia puede modificar tu estado emocional y afectar la manera en que realizas el siguiente seguimiento.
Pero también puedes elegir una interpretación más útil:
“Todavía no tengo una respuesta”.
“Voy a realizar el seguimiento correspondiente”.
“Mientras tanto, continuaré desarrollando otras oportunidades”.
La diferencia está en aprender a observar nuestros pensamientos antes de aceptarlos automáticamente como verdades.
El síndrome del objeto brillante: cuando buscar más información se convierte en una distracción
Existe un comportamiento que observamos frecuentemente en el desarrollo personal.
Una persona comienza a estudiar un programa.
Encuentra una idea interesante.
Después escucha una frase de otro autor.
Entonces quiere comprar otro libro.
Descubre un nuevo curso.
Y poco tiempo después está estudiando cinco cosas diferentes sin aplicar profundamente ninguna.
A esto lo llamamos el síndrome del objeto brillante.
Cada nueva idea parece ofrecer la respuesta que estábamos buscando.
Pero el verdadero cambio no ocurre solamente por encontrar más información.
Ocurre cuando profundizamos en lo que estamos aprendiendo y comenzamos a integrarlo en nuestras decisiones y hábitos.
La próxima vez que escuches una frase que te impacte, en lugar de buscar inmediatamente su fuente o comprar otro libro, detente.
Pregúntate:
“¿Por qué esta idea me llamó tanto la atención?”.
“¿Qué relación tiene con lo que estoy estudiando actualmente?”.
“¿Cómo puedo aplicarla hoy?”.
Quizás la respuesta que necesitas no está en el siguiente libro.
Quizás está en comenzar a practicar lo que ya sabes.
La gratitud puede transformar la dirección de tu atención
Quiero compartirte algo personal.
Cuando tenía aproximadamente ocho o nueve años, comencé espontáneamente a practicar el agradecimiento.
No conocía entonces los programas de desarrollo personal que estudiaría años después.
Simplemente sentía el deseo de agradecer.
Agradecía por mi salud.
Por la casa donde vivía.
Por el amor.
Por las cosas buenas que formaban parte de mi vida.
Con los años comprendí que aquella práctica me ayudaba a dirigir mi atención hacia aquello que valoraba.
Hoy sigo considerando la gratitud una herramienta importante para trabajar conscientemente con nuestros pensamientos.
Esto no significa negar los problemas.
Tampoco significa que todas las circunstancias difíciles sean buenas.
Significa que, incluso cuando enfrentamos desafíos, podemos preguntarnos si existe algo valioso que podamos reconocer, aprender o agradecer.
Recuerdo una enseñanza asociada con W. Clement Stone:
“Eso es bueno”.
La idea consiste en entrenarnos para buscar posibilidades y aprendizajes en lugar de concentrarnos exclusivamente en lo negativo.
Cuando algo no sale como esperabas, puedes preguntarte:
“¿Qué puedo aprender de esta experiencia?”.
“¿Qué oportunidad todavía no estoy viendo?”.
“¿Qué puedo hacer de manera diferente?”.
Estas preguntas no eliminan automáticamente las dificultades.
Pero pueden ayudarte a recuperar claridad y encontrar nuevas acciones.
Cómo cambiar tu diálogo interno: un ejercicio práctico
Quiero proponerte una práctica que puedes comenzar hoy mismo.
1. Identifica un pensamiento que repites constantemente
Durante el día, presta atención a las afirmaciones que haces sobre ti mismo.
Por ejemplo:
“Siempre llego tarde”.
“No soy disciplinado”.
“No tengo suficiente capacidad”.
“No puedo mejorar mis ingresos”.
Cuando identifiques una de estas frases, escríbela.
2. Pregúntate qué deseas experimentar
No te quedes únicamente analizando el pensamiento que quieres cambiar.
Pregúntate:
“¿Cómo quiero verme y comportarme en esta área de mi vida?”
Si tu pensamiento habitual es “soy desorganizado”, quizás deseas convertirte en una persona que planifica sus actividades y cumple sus compromisos.
Si piensas “no soy bueno para vender”, quizás quieres desarrollar la identidad de un profesional que se prepara, prospecta y conversa con confianza.
3. Escribe una nueva afirmación
Transforma tu objetivo en una declaración que puedas utilizar como guía.
Por ejemplo:
“Soy una persona organizada que respeta sus compromisos”.
“Me preparo continuamente y desarrollo mis habilidades comerciales”.
“Cada día tomo acciones que contribuyen al crecimiento de mi negocio”.
La intención no es repetir palabras sin hacer nada.
Es comenzar a construir una nueva manera de pensar que acompañe comportamientos diferentes.
4. Actúa de acuerdo con esa nueva identidad
Si quieres ser más organizado, comienza preparando tu agenda.
Si quieres mejorar tus resultados comerciales, realiza las actividades de prospección que has estado evitando.
Si quieres cuidar mejor tu salud, identifica una acción concreta que puedas incorporar a tu rutina.
El diálogo interno y la acción deben comenzar a trabajar en la misma dirección.
5. Repite y observa tu progreso
No necesitas esperar resultados inmediatos.
Algunas transformaciones requieren tiempo, práctica y ajustes.
Lo importante es desarrollar el hábito de observar tus pensamientos, cuestionar las creencias que te limitan y tomar decisiones más congruentes con tus metas.
Después de varias semanas o meses, revisa tu progreso.
Pregúntate qué ha cambiado en tu manera de pensar, sentir y actuar.
Y reconoce cada avance.
La conversación más importante de tu vida
Durante el día tendrás conversaciones con muchas personas.
Clientes.
Colaboradores.
Amigos.
Familiares.
Pero existe una conversación que te acompaña prácticamente todo el tiempo.
La conversación que mantienes contigo mismo.
Y esa conversación merece tu atención.
Porque puede ayudarte a descubrir posibilidades o reforzar tus dudas.
Puede impulsarte a prepararte o convertirse en una justificación para no actuar.
Puede recordarte tus capacidades o mantenerte concentrado exclusivamente en tus limitaciones.
La buena noticia es que puedes desarrollar una mayor conciencia sobre esa conversación.
Puedes aprender a cuestionar lo que piensas.
Puedes practicar nuevas maneras de interpretar tus experiencias.
Y puedes comenzar a actuar de acuerdo con la persona en la que deseas convertirte.
Hoy quiero dejarte una pregunta:
¿La manera en que te estás hablando te está ayudando a construir la vida que deseas experimentar?
Si la respuesta es no, quizás ha llegado el momento de cambiar esa conversación.
Porque transformar tus resultados también implica transformar la manera en que piensas, decides y actúas cada día.
Sobre Marc Jospitre
Marc Jospitre es mentor y fundador de Los Imparables, una comunidad empresarial dedicada al desarrollo de la mentalidad, los hábitos y los resultados de empresarios, emprendedores y profesionales.
Este artículo está basado en un episodio de Mañanas con Propósito, deLos Imparables El Podcast, publicado con motivo del primer aniversario de su formato diario.
